Por: Maria de los Angeles Fernandez Saniz
“[…]
Och jag kände mig så liten men så fri
Det
var en sommar som aldrig tog slut
För
vi levde varenda minut
Ta
mig tillbaka
Till
när allting var så stort
Ta
mig tillbaka
Till
innan allt redan var gjort
Man
fick vänta
Man
fick längta
När
tiden var så lång […]”
Darin Zanyar, «TA
MIG TILLBAKA»
No tengo claro
lo que en verdad significa “juventud” o lo que es ser “joven”. Siempre tuve
dudas en cuanto ello.
Algunas personas
podrían decir que ser joven es participar de fiestas, tener tiempo para hacer
diferentes actividades como estudiar una, dos o tres carreras, salir con los
amigos y amigas, enamorarse, ir de paseo, viajar; sin embargo otros solo mencionarán
que es una etapa más en nuestras vidas en donde solo nos dedicamos a disfrutar
y experimentar, muy aparte que es donde también aprendemos a tomar decisiones y
crecemos como personas con el pasar de los días.
Vivo del tiempo
─el cual se hace corto cada vez más rápido─ tanto así que hace unas semanas atrás
el grupo de amigos que tengo en la universidad, en especial una compañera, me
preguntó la razón por la que me voy tan rápido al terminar con el horario de cursos, la pregunta me hizo dudar un poco,
pero terminé respondiéndole que tengo que ayudar en casa. Al día siguiente
volvió a preguntarme lo mismo, volví a responder pero explicándole un poco más
la situación, ella me dijo: “Te pierdes de mucho, al menos deberías quedarte
unos cinco minutos más y luego irte […]”, me quedé con esas palabras grabadas
en mi mente y cada vez que camino al paradero luego de la universidad vuelvo a
recordar la frase.
Sé que me pierdo
de mucho, soy consciente de ello. Me pierdo de nuevas anécdotas, de convivir
con los demás, conocerlos un poco más a todos y compartir experiencias. Controlo
mi tiempo mucho más de lo que deberían hacer mis padres.
No vivo mi
juventud como otros en mi posición lo harían o hacen. Solo me concentro en
estudiar y terminar la carrera. Soy demasiado complicada para hacer verdaderos
amigos. No salgo a fiestas, a menos que sea por motivo de cumpleaños de alguien
muy cercano.
Cuando quedo en
salir en grupo a pasear, ir al cine u otro, casi siempre termino cancelando por
un inconveniente.
La juventud es
una etapa de la que se me hace difícil expresarme. En ella hay muchos mundos,
pero he preferido vivirla de otro modo, quizás algo extraño pero que por temor
he ido adentrándome mucho más a este estilo de vivir.
Solo soy
partícipe de la juventud como tal a través vivencias no propias de mí.
Disfruto mucho
de las experiencias vividas por los demás, cada vez que me cuentan o leo sobre
lo que pasaron, lo que hicieron en tal reunión o cuando se enamoraron por
primera vez, es emocionante, trato de imaginarme a mí haciendo algo que no me
atrevo.
También en esta
etapa nos sentimos totalmente libres, donde nadie nos puede impedir lo que nosotros queremos hacer,
convirtiéndose así en algún tipo de libertinaje.
Confundimos
mucho lo que nos lleva a tomar decisiones, algunos nos alejamos demasiado de ser
responsables con nuestro actuar y terminamos arrepintiéndonos.
Ser joven es
difícil, aunque muchos adultos digan que es lo más fácil del mundo, no lo es.
Estamos expuestos a mucho más. Comenzamos a experimentar, a probar lo nuevo y
eso nos aterra, sobre todo el tomar decisiones que marcarán nuestro futuro,
pasado y presente.
Al menos
disfrutar algo de ser jóvenes no nos hará daño. Es lo que estoy aprendiendo
cada día que pasa.
Como yo hay
muchos otros, que prefieren coger todos sus libros y estudiar, mirar alguna
serie, escuchar música y vivir por sí mismo, sin la necesidad de quedarse cinco
minutos más. Sin embargo, más tarde o mientras que realizan alguna de esas
actividades se darán cuenta ─como yo─ que el mundo no gira alrededor de
nosotros y que no hay nada mejor que la juventud propia, en donde cada uno es
el protagonista o uno más en la historia de otros.
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