“LA VIDA SERÍA SOLAMENTE RECUERDOS
[…]; ENTONCES LA DESPEDIDA SERÍA NADA MÁS UN RECUERDO QUE SE QUEDA EN TU
CABEZA, ALGO QUE TE HA MARCADO, […]”
César
Espenzer
César Agusto Espenzer Tumba López o como es
conocido por un gran número de personas César Espenzer, nació en la ciudad de
Ilo en la costa sur peruana, un 22 de septiembre de 1993. Estudió la carrera
profesional de Derecho en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa y
en la actualidad cursa estudios de Ciencias de la Comunicación. Trabaja como
profesor de literatura en la Academia Mendel.
El
fin de semana (18 de mayo del presente año), decidimos encontrarnos todos
juntos en el Mall Aventura de Porongoche, en un Starbucks; tuvimos contacto con
él por medio de nuestra compañera Michelle Fuentes, quien lo conoce y
agradecemos.
Por:
Maria de los Angeles Fernandez Saniz y Lizbeth Yareli Quispe Vásquez.
M.F.: Algo que me llamó
mucho la atención fue que al ser fan de Mario Benedetti, tu primer libro se
llame igual al que de él, “Inventario”, entonces dime ¿No tiene nada que ver
con el autor?
─La
verdad es que no, no. He leído a Benedetti algunos poemas, quiero leerme su
libro “La tregua”, no, nunca lo he leído─ hace una pausa ─. Me acabo de enterar
que tiene un libro llamado inventario, es para mí una casualidad un tanto, no
sé, alusivo, genial.
M.F.: ¿Qué sentiste
cuando publicaste tu primer libro, algún miedo?
─Miedo,
supongo que sí porque era lo primero que yo iba a lanzar en lo que es el
aspecto literario, entonces, era mi inicio. Si publicaba un libro pésimo, pues,
no sé, iba a ser conocido como un pésimo escritor, nadie me iba a tomar en serio
ni nada, entonces para publicar este libro yo he tenido que corregir y
corregir, corregir y corregir, y también lo he mandado a corregir, pues
entonces tenía que estar seguro que fuese algo que valiera la pena publicarse.
Así que cuando ya lo fui a publicar, sí tenía cierto miedo que de repente no
tuviera la misma aceptación que yo quería ¿no?.
─
Un miedo al rechazo─ interrumpo.
─Podría
decirse, pero una vez que ya lo publiqué, ya lo había enviado a unas tres o
cuatro personas para que me dieran un comentario del libro, que están en el
final del libro─ aclara ─Entonces me dieron una buena imagen del libro y eso ya
me dio más confianza, pero sí, hay siempre un pequeño miedo, es mi primer libro
y si, un pequeño miedo quizás sí, pero no es mucho, es un mínimo; más que todo
estaba emocionado, era mi primer libro y fue emoción, entrar en un mundo donde prácticamente,
realmente nuevo, de forma correcta y no de forma empírica como lo estaba
haciendo antes.
M.F.: Bueno, hay
plataformas donde puedes publicar libros, ¿Tu qué opinas sobre los jóvenes que
lo hacen en esas plataformas o quieren publicarlo en físico?
─Hmmm,
ahorita en Arequipa, hay una pequeña tendencia, se podría decir de jóvenes,
varios jóvenes que he visto que quieren publicar un libro, tienen esa idea, es
como una especie de un sueño medio romántico que tienen. Y no está mal, si a
alguno le gusta escribir, pucha quieren lanzarlo, publicarlo, está genial, lo
malo es que muchos se emocionan tanto que lo primero que escriben ya lo quieren
publicar; entonces yo no sé, en el sentido de estafar al lector es una cosa un
tanto difícil─ risas ─. Para publicar algo, por lo menos el que está comenzando
a escribir tiene que escribir un tiempo, porque uno se va puliendo mientras va
escribiendo, va adoptando nuevas técnicas y una manera de escribir, entonces por lo menos tiene que estar un
tiempo escribiendo, porque no es que lo primero que escribas ya lo quieras
lanzar de golpe como tu primera obra, NO, porque te vas a arrepentir, yo no sé
si me voy a arrepentir de haber publicado esto─ dice señalando su libro ─quizás
si, con el tiempo, pero yo espero que no. Hasta ahorita estoy conforme. La idea
está genial, de que escriban es genial, pero que quieran publicarlo de golpe…
─¿Les
recomiendas que sigan?─ interrumpo.
─Yo
recomiendo que sigan escribiendo y que se esperen un tiempo prudente, hasta que
ellos consideren que de verdad tienen algo realmente bueno y versátil.
M.F.: ¿En qué momento
de tu vida te diste cuenta que te gustaba escribir? ¿Alguien se interpuso?
─Pucha,
la verdad es que no sé─ hizo una pausa ─. Yo recuerdo cuando hice mi promoción
de primaria, sexto grado. Te preguntan ¿no?, cuáles son tus hobbies y bla, bla,
y la verdad yo recuerdo que dije que me gustaba escribir. Yo no tengo ni idea
si en aquella época escribía, no recuerdo bien. Ya en la secundaria, tengo una
imagen más viva de lo que era escribir, y en la secundaria pues, sí escribía,
recuerdo. Escribía, así, terriblemente mal, era deprimente; entiendo que eso
debe desaparecer si es que tengo algo por ahí que he escrito. Pero yo comencé
escribiendo por el Hip Hop, yo soy alguien que le gusta mucho el género del Hip
Hop.
M.F.: ¿Escribías
canciones?
─Sí,
de hecho yo comencé escribiendo canciones al comienzo; escribía mis canciones,
todas, todas, terriblemente mal, como te digo─ risas ─. Hacía mis canciones y
de ahí fui dejando de lado un poco la música, y me dediqué a escribir, y
exactamente en qué momento de mi vida me di cuenta que me gusta escribir, no
tengo ni idea. Me nace, hay momentos que quiero hacerlo y tengo que hacerlo,
tengo que sacarlo.
M.F.: ¿Y en algún
momento intervino tu familia?
─No
lo vería de esa manera. Mis papás.
─¿Aceptaron?─
intervino Lizbeth.
─Sí;
no, no vieron con unos ojos así de malos de “Oye, ¿qué vas a hacer de escritor?”
“Son vagos y etc. etc.”
─Porque
usualmente son como: Vas a ser escritor, te vas a morir de hambre─ dijo
Lizbeth.
─Claro,
me dijeron algo así y no tan duro quizás, pero tampoco me dijeron “No escribas,
dedícate a otras cosas”; no, ellos me apoyaban en ese sentido solo que claro,
“te gusta escribir, escribe, tienes talento, pero termina tus estudios”. Ahora
me apoyan más en este sentido, ya saben que estoy más encaminado en esto ya que
mi profesión que es derecho, en sí no me llena prácticamente para nada.
M.F.: ¿Qué recuerdos
inspiraron tus historias?
─Qué
inspiraron mis historias; sí has leído el librito, es un libro en el que hablo
todo en primera persona.
─Sí─
afirmo.
─Parece
que yo estoy sintiendo todas estas emociones y de alguna manera sí, yo me baso
en emociones que tengo, en situaciones, recuerdos, vivencias. Entonces
mayormente me baso en mí, pero también saco historias de otros sujetos; me
cuentan sus cosas y yo las encarnizo tanto, que se convierten en mías.
─Entonces
robas historias─ intervine.
─Sí,
claro. Yo soy un experto robando historias […], ya no es de él ni mías, las
combino. Se ha convertido en algo literario, pero sí, yo robo historias por
excelencia─ risas.
M.F.: En la dedicatoria
mencionas a “Esmeralda” y dices: «A Esmeralda, nadie más que ella merece estos
textos, fragmentos de mi ser». Entonces se podría decir que ella es la musa y
protagonista de Inventario, a quien le dedicas cada texto, ¿Ella es algo del
pasado?
─Sí.
─¿Que
te marcó?─ pregunta Lizbeth.
─Sí,
en verdad no existe como tal, es un nombre ficticio, algo así como Melgar y la
tal Silvia […]. Es para encubrirla─ risas ─De hecho se llama Ethel, fue una
pareja que tuve en el pasado.
─Que
te marcó mucho─ interrumpió Lizbeth.
─Sí,
bastante, de hecho en el primero poema menciono su nombre de manera atrófico
[…], ella no se dio cuenta, pero también lo leyó─ risas ─Se lo dedico a ella,
porque fue ella quien hizo nacer este libro. Yo no me considero bueno en la
poesía, creo que puedo tener algo de talento, pero la poesía no es
absolutamente mi fuerte.
─Para
iniciar, bueno hasta la parte que he llegado, me gustó mucho─ intervine.
─Qué
genial, pero aun así no considero que la poesía sea mi fuerte, creo que mi
fuerte es la narrativa, crear historias, ficción, cuentitos y todas esas cosas.
El libro se lo dedico a ella, porque yo nunca pensé publicar un libro de
poemas, pensaba lanzarme de frente con narración, pero cuando ella me dejó, porque
ella me dejó, sintió que era un tipo muy tóxico─ risas ─ y así, yo la botaba y
cuando se iba le decía que regresara, o sea, así de tóxico.
─El
típico cliché─ digo.
─Algo
así. La había convertido prácticamente en un fetiche, entonces ella tuvo que librarse
de mí de alguna manera […]. En el tiempo que estuve con ella, siempre me decía:
“¿Por qué no me dedicas un poema?”, nunca le dediqué nada y ahora le he
dedicado todo un libro─ risas ─mi contrapeso. Ahora somos amigos, nos llevamos
genial. Y en su momento me afectó mucho y caí en una sesión de depresión porque
se sumaron otras cosas, ahora descubrí que yo tengo el Trastorno de Límite de
Personalidad […]
M.F.: Un pequeño
fragmento que saqué de tu libro decía: «Y todas las esferas se caen, el mundo llora,
y también es cierto, las almas se aman, pero a fin de cuentas, son contrarias»;
¿Con esferas te refieres a caras, rostros, actitudes?
─No,
cuando digo ese fragmento, me refiero a que─ hace una pequeña pausa ─ese
romanticismo que supuestamente se meta el amor, en el sentido de que se dicen
que seres contrarios se atraen, es algo normal, entonces dicen: “Wao, eres un
tipo muy interesante” y la otra persona es muy diferente pero como ve al tipo
con un mal idealizado, entonces hay una atracción de por sí gigante.
─Como
que se complementan─ digo.
─Claro,
se complementan ambos pero a fin de cuentas son tipos muy diferentes y nunca
terminan de encajar bien, finalmente tienen que─ silba y con sus manos hace una
demostración ─otra vuelta separarse, a eso me refiero en esa parte.
M.F.: ¿Consideras que
el amor verdadero existe o solo es un cuento inventado por la ficción?
─De
hecho, como soy profesor y hago mis clases, soy un tipo muy sarcástico y tiendo
a burlarme todo el tiempo del amor. Yo rajo, me burlo mucho del amor, soy muy
sátiro con el amor; pero no, soy un tipo que cree mucho en el amor, de hecho,
creo que el amor es lo único que vale la pena en este mundo, todo lo demás no
vale tanto como el amor, entonces creo que eso es lo más genial que uno puede
aspirar; así que sí, creo que existe un amor verdadero e incondicional, pero
ahora, encontrarlo es otra situación […].
M.F.: ¿Qué es para ti
un ser hipócrita?
─Qué
es para mí un ser hipócrita, YO─ risas ─. Yo soy un ser hipócrita, creo que
todos somos hipócritas de alguna manera.
─
Todos llegamos a ser hipócritas─ dijo Lizbeth.
─Sí,
todos, todos, literalmente todos somos hipócritas en algún momento de nuestras
vidas siempre vamos a serlo, así nos demos cuenta o no; la idea sería, serlo en
la menor cantidad posible, entonces yo si me considero un tipo muy hipócrita a
veces hago y digo cosas totalmente diferentes y no me doy cuenta. Pero no me
gusta la hipocresía, considero que mi hipocresía es quizás algo aceptable […].
M.F.: ¿Cambiarías algo
de tu vida pasada, sin cambiar lo que ahora eres o has logrado?
─Sí,
pero yo cambiaría todo. Alteraría todo lo que soy ahora, me gustaría ser
alguien mucho más sencillo, ver la vida de una manera…
─Normal─
comentamos.
─Normal,
aspirar a algo normal, a una carrera, tener una familia, hijos, una casa y ya
¿no? No ver el mundo como lo veo ahora […], lo veo como algo muy hostil y a la
vez tan relajado, lo veo como un premio y también como una especie de daño […],
si pudiera cambiar algo de mí y de hecho, si podría elegir, elegiría no nacer
[…]
─¿O
sea sí o sí, cambiarías todo, hasta el punto de no nacer?, ¿Cambiarías esa
relación que tuviste? ¿Los momentos de felicidad?─ dijo Lizbeth.
─[…]
si pudiera borrar mis recuerdos, yo creo que sí, borraría varios, hasta el
punto de que me hubiese gustado nacer en otro contexto, en otra época, en otras
circunstancias. Todo con el punto de aspirar a ser más normal. Ser normal,
sencillo, básico, así como cualquier niñito que juega con su pelota, sin
preocuparle nada […]. Intento no darme del más gigante que los demás, y fracaso
todo el tiempo. Percibo el mundo de una forma diferente y es el mismo trastorno
el que me hace verlo así […]; me gustaría verlo de una forma más sencilla, más
cuadrada─ dice dando forma con su mano un cuadro ─no complicarme tanto las
cosas.
M.F.: ¿Con qué
emociones, en tu opinión, sientes que un escritor, realmente escribe?
─Yo
creo que si haces la pregunta a la mayoría de escritores, te van a contestar lo
mismo. La tristeza, el llanto, la desesperación, el vacío, el estar en una
situación límite, estrangulante; creo que todo ese tipo de situaciones, donde
uno está al borde del colapso es materia prima para escribir.
─Digamos
que ese sería una gran libro─ dije.
─Sí,
bueno no siempre va a ser un gran libro, pero por lo menos, la mayoría apunta a
serlo; si no saldríamos como muy positivistas o moralistas, como de repente:
Cuauhtémoc, Coelho; que piensan que todo es…, que no todo va bien para ellos,
pero al final tiene que terminar bien y no es cierto, las cosas no siempre
terminan bien, no son muy realistas que digamos. Creo que donde pueden hacer
algo verdaderamente genial es raíz del lado negativo de los sentimientos.
─O
sea dejar una historia en suspenso o un final infeliz─ dije.
─En
la vida real pues las historias no tienen un final, no hay un final
necesariamente feliz en una historia, si no, no tendría un final. Todo el
tiempo sería felicidad, entonces no lo sé, yo considero que el lado negativo de
los sentimientos, como puede ser el dolor, la tristeza, el desamparo, el
colapso; es materia prima para poder escribir. De hecho esto─ señala su libro
─es una lágrima, creo que desde ahí he sacado una visión muy grande, hay algo
llamativo en esa tristeza; si hubiese estado feliz, no habría escrito nada. Es
un gran lujo escribir sobre la felicidad, de hecho se debería apuntar a
escribir realmente cosas muy geniales sobre la felicidad, sobre las cosas muy
bonitas, pero es muy difícil […].
M.F.: ¿Qué escritores
intervinieron más en ti, te introdujeron a escribir?
─A
mí me encanta Julio Cortázar, es un tipo genial, hermoso; tiene una forma de
escribir así, ¡Estupendamente bestial!, entonces me encanta mucho su forma de
escribir, esa narrativa poética que tiene es lo que a mí me fascina mucho. Otro
escritor que me fascina bastante es, bueno son varios, pero siempre que me
preguntan se me viene a la cabeza de quien me gusta bastante es Cortázar, soy
un cortázarlover, a mí me encanta […], disfruto mucho a Cortázar. Me han
influenciado varios escritores […].
L.Q.: ¿Y por qué Espenzer?
─Es
mi tercer nombre prácticamente, César Agusto Espenzer Tumba López.
L.Q.: ¿En qué colegios
has estudiado?
─Como
soy de Ilo, ahí.
L.Q.: ¿Cómo llegaste
acá?
─Por
estudios.
─A
la UNSA─ dije.
─Claro,
cuando era un chiquillo, yo veía a la UNSA pues como a la gran universidad por
eminencia, luego llegas acá y te das cuenta que, bueno, es una universidad
buena, pero no es la gran cosa como tú creías de chiquillo. Yo me imaginaba así
como en las películas, donde hacen sus grupos y todo─ risas ─donde están
conversando y debatiendo sobre unos temas, yo me ilusioné así. Bueno algo así
tiene, pero no es como me lo imaginé cuando era más chiquillo. Entonces vine
por eso y mi ideal siempre fue estudiar en la UNSA […].
M.F.: En Facebook, tú
publicas siempre o casi siempre historias y había una donde hablaba sobre las
mujeres y en uno de los comentarios decía que tú pedías mucho acerca de la
mujer perfecta, que eres muy exigente.
─Sí
en mi Facebook si publico semanalmente o trato que lo sea, pequeñas columnas o historias
acerca de los últimos temas y hechos que me pasan a mí. En eso de que si soy
exigente con una mujer, sí soy muy exigente, es algo que yo detesto y busco
mucho en una mujer.
L.Q.: ¿Cuáles son tus
expectativas para encontrar a una mujer?
─En
primera yo soy fetichista, lo primero que veo en una mujer son sus piernas─
risas ─Sinceramente; que tenga una forma agradable a mi vista, que le agrade
vestirse bien, yo no me visto perfecto pero creo que tengo un estilo─ dice y
reímos ─Me gusta que una mujer también se vista bien, el estilo que ella quiera
pero que le quede genial. Esa es la parte física y si son guapas mucho mejor
[…].
M.F.: Pero es en lo
físico y en lo sentimental ¿cómo sería?
─Eso
físico se va todo al diablo, porque no interesa si cuando yo hablo con la
persona me parece así bastante simple, sencilla o no sé de qué hablar con ella;
de repente me habla de solamente de cosas triviales: “una fiesta por acá, una
fiesta por allá”, no sé, “quiero comprar ropa”, todo el rato, cosas que a mí un
rato están bien, pero si todo el tiempo va a estar así yo me aburro no sé de
qué hablar.
─Que
no sea superficial─ dije.
─Podría
decirse, que sea profunda, que pueda hablar con ella de cualquier cosa, de
cosas que me gustan hablar o que esté interesada por algo artístico,
científico, que sea un poco culta. Busco las dos cosas, y encontrar esas dos
cosas es una tarea muy difícil […].
M.F.: ¿Qué piensas
sobre las despedidas? ¿Es necesario despedirse o dejarlas ir solas?
─Pucha
no lo sé, pero quizá a veces son necesarias. A veces sí, porque dejan ahí una
sensación de vacío.
─Te
marca y te llena la necesidad de haberte despedido─ dice Lizbeth.
─Claro
y es necesario llenar esos vacíos o huecos que tienes en tu vida, entonces creo
que son necesarias […]
─Y
de pronto, también, vuelven a aparecer a tu presente─ digo.
─Y
algo no cuadra, claro. Creo que la vida es una acumulación constante de
recuerdos, yo considero que esa es la vida y que los tiempos como tal no
existen; el tiempo pasado es inmaterial, ya ocurrió y se ha esfumado, el tiempo
presente como tal no existe, porque todo el tiempo presente es inmediatamente
pasado y el futuro es algo que lo puedes planear de muchas maneras pero como
tal, no va a ocurrir como tú lo estas planeando, siempre hay aristas que no sé;
el tiempo como tal no existe, es indeterminado y qué es la vida si no es el
tiempo, entonces la vida sería solamente recuerdos que se quedan en tu cabeza
nada más. Entonces las despedidas serían un recuerdo más que tendrías en la
cabeza. Algo que te ha marcado. La idea de la vida es acumular la gran cantidad
de recuerdos, recuerdos que te marquen verdaderamente, por eso odio la vida
monótona, no puedo vivir en monotonía, porque hacer todos los días lo mismo no
te genera buenos recuerdos. Me gusta hacer cosas diferentes y las despedidas sí
son necesarias muchas veces […].
L.Q.: Y acerca de tu
libro, ¿Cómo así, con qué editorial, cómo llegaste a sacar el libro?
─Ya
conocía yo al editor, claro al comienzo estaba buscando a alguien que quiera
publicar el libro. Le envíe a tres editoriales, una ni me respondió nunca, me
mandó al carajo─ risas ─; otra me dijo NO, tajantemente NO y la otra me dijo: “ya,
déjame leerlo” y ya nunca más me respondió luego de eso─ risas.
─¿Cuánto
más o menos gastaste o invertiste?, dijo Maria.
─No
mucho de hecho, porque la editorial me financió con la mitad. La editorial que
finalmente encontré fue “Doce Ángulos”, yo conocí al editor que se ofreció a
apoyarme con la mitad del financiamiento, yo le di mil soles; publicarse un
libro está algo de dos mil, mil quinientos, por ahí. Por lo general son
quinientos ejemplares, para alguien que recién está comenzando […].
M.F.: ¿Para tu segundo
libro piensas dar una conferencia o algo más grande?
─Para
este segundo libro si pienso darle mucha más inversión, este de acá─ señaló
“Inventario” ─bueno fue algo mucho más personal, más íntimo, quería darme a
conocer, sí, definitivamente, si fue algo mucho más íntimo, la idea era darle a
ella y por fin decir: Ya soy un escritor, ya tengo un libro como tal; y me
supongo que a partir de eso ya puedo llamarme un escritor; pero lo segundo, ya
no quiero pasar como alguien desapercibido, quiero ser algo más. Trascendencia.
Yo creo que si no dejas nada, no haces nada, es como si nunca hubieses
existido, como la vida es algo que se va en un santiamén. Somos una nada entre
dos nadas y si vienes acá y no has hecho nada y cuando te mueras es como
simplemente nunca hubieses nacido. Mi vida no es eso, yo quiero dejar algo.
─
Muchos autores después de muertos, recién se hacen conocidos─ dije.
─No,
no quiero que eso pase conmigo […].
M.F.: ¿No consideras
que ser famoso, podría tornarse algo abrumador para ti?
─No
creo que se me suba la fama.
─
No que se te suba la fama, si no que más que todo, las personas comiencen a exigirte
más, a que publiques más libros y todo eso─ digo.
─Bueno
sí, es cierto. Ahí si quizás pueda afectarme algo, pero yo literalmente los
mandaría a la michi─ risas ─Ojalá no me afecte esa parte, porque eso es a lo
que aspiro, mi idea es vivir de esta cuestión. Un día despertarme y decir: A
escribir, y me pongo a escribir y ganar de mi libro, vivir de mi libros y no
hacer absolutamente nada más que escribir, dormir, beber y ya está. Ese sería
mi estilo de vida agradable.
L.Q.: ¿Cómo te
desenvuelves ante la sociedad?
─Lo
tomo como el sentido de conversar, me gusta hablar bastante.
─¿Para
hacer más amigos?, dije.
─No
para hacer amigos, la amistad para mí es un idealismo muy grande. Me gusta
hablar, me gusta conocer gente interesante; cuando me toca alguien que me
aburre me voy─ risas ─. Es más divertida
la vida, estando picado. Sí la vida de sobrio es todo un asco, a veces por lo
menos es necesario salir de lo común […].
L.Q.: ¿Tu vida te
parece ser algo trágico, o sea la de un escritor es sumamente trágica?
─Trágica
sí es mi vida, interesante todavía no. Aspiro que sea algo así. Bueno yo aspiro
a la calma, yo aspiro a la tranquilidad […]
L.Q.: ¿Alguna vez, en
tus historias has matado a algún personaje con el que te sentías identificado?
─Todavía
no, supongo que algún día lo haré. Dependiendo del estado en el que me
encuentre.
L.Q.: ¿Qué consideras
sobre las personas que se suicidan?
─Podría
decir que es algo valiente o cobarde a la vez. Visto desde puntos diferentes.
─
Claro, depende del contexto y la situación en la que se encuentre la persona─
intervenimos.
─Es
una situación poca delicada, evadible.
L.Q.: ¿Por qué
estudiaste derecho?
─Porque
me gustaba cuando postulé e ingresé.
─¿Y
qué te llevó a cambiar de opinión?─ pregunté.
─La
verdad es que no sé, si yo estuviera seguro de esa respuesta te la diría.
Detesté la forma en como son los abogados, no lo sé, no lo sé. Yo me frustro
muy rápido, tengo muchas expectativas conmigo mismo. Cuando no consigo escribir
algo bueno yo me frustro. Yo sufro en ese sentido […].
L.Q.: ¿De la juventud
qué piensas ahorita?
─Considero
que la juventud, como siempre, tiene un gran potencial; pero yo no sé si es
culpa de la juventud que está así o es que es culpa de que algo esté al en el
sistema de los adultos, en crear muy altas expectativas en los jóvenes, la
tecnología, no sé; pero nos estamos desmoralizando y eso es culpa de la
tecnología […].